Gestión de la biodiversidad urbana

Los acontecimientos de los últimos meses han acelerado un proceso de cambio en la gestión de los espacios verdes urbanos, que se venia gestando a baja velocidad los últimos años.

El confinamiento derivado de la pandemia del COVID ha puesto de manifiesto que la naturaleza, sin el impacto diario de los ciudadanos y sus mascotas, sin el machaque constante de sus cuidadores y sin la presión de las redes sociales, ha tenido un respiro que le ha permitido empezar mostrar su verdadero rostro.

Ha sido una tregua corta, pero apenas unas semanas han bastado para poner de manifiesto que las mal llamadas malas hierbas dan flores bonitas, que los insectos dan vida a nuestras ciudades, que los pájaros han tomado las calles con sus cantos, que quizás no era tan imprescindible esa poda anual de los árboles y que la naturaleza, sin nuestra presión asfixiante, nos ofrece mucho más.

Las redes se han llenado de imágenes bucólicas, y de artículos glosando los beneficios de la biodiversidad urbana y su poder para transformar las ciudades en entornos más saludables, más sostenibles y más resilientes.

Parece que hemos descubierto que un nuevo mundo es posible, se nos han abierto los ojos ante la posibilidad de recuperar y regenerar los degradados ecosistemas locales…

Ante esto debemos plantearnos: ¿cómo se puede gestionar la biodiversidad urbana?

El nuevo escenario

El papel ecológico de la ciudad viene asociado a un montón de efectos negativos, debido al profundo impacto que la mayoría de actividades que se dan en ella, tiene sobre el medio ambiente. Por contra, muy pocas veces se tiene en cuenta que la ciudad posee un gran potencial en la gestión de la biodiversidad y en la divulgación de sus valores.

Nos encontramos ante un cambio de enfoque y es sabido, que todos los cambios deben superar las lógicas resistencias de todo tipo: de ciudadanos acostumbrados al siempre se ha echo así, de políticos temerosos de las críticas y de jardineros inseguros por tener que cambiar sus métodos. Inclusive en algunos casos, aparecen expertos gestores, nostálgicos de épocas pasadas en las cuales el poder del hombre se manifestaba imponiendo su ley sobre una naturaleza domesticada y humanizada, muestran sus reticencia .

A pesar de ello, no hay duda. Cada día más, nuevas evidencias científicas nos muestran el camino a seguir. Debemos cambiar el modelo, renaturalizar nuestras ciudades y aprender a gestionar los espacios verdes a favor de la biodiversidad urbana.

Lo que está en juego es nuestra salud y nuestro propio futuro en el planeta.

El proceso de cambio

La mayoría de nuestras ciudades no han sido pensadas para el nuevo modelo, la mayor parte de nuestros parques y jardines no han sido diseñados pensando en alcorques y praderas floridas, en siegas diferenciadas, en massas arbustivas agrupadas y grupos de árboles creciendo libremente y formando bosquetes.

No es posible decidir gestionar de una manera distinta sin más. El cambio de paradigma necesita resolver un considerable conjunto de complicaciones: dificultades de siega, sistema de riego inadaptados, podas más complicadas y además, contar con unos nuevos invitados que nos ayuden a mantener el sistema y en los que nadie pensó en su momento, la fauna auxiliar clave para una gestión libre de biocidas.

La gestión de la biodiversidad urbana

Hoy día sabemos que la biodiversidad es un elemento fundamental para incrementar la resiliencia de las ciudades frente a los impactos naturales y los provocados por el hombre, pero se trata de un objetivo complejo que debe considerar muchos factores.

Una gestión de los ecosistemas urbanos destinada a favorecer la biodiversidad, debe hacer compatible mantener unos espacios verdes que cumplan las expectativas de los ciudadanos y que a la vez, puedan acoger aquellas especies autóctonas de animales y plantas, que permitan recuperar un sistema ecológicamente equilibrado y diverso.

Requisitos básicos para favorecer la biodiversidad

Conectividad ecológica: las ciudades y sus infraestructuras representan una barrera de conectividad en el territorio y debemos potenciar el papel de los corredores ecológicos que las atraviesan y mantener un sistema de espacios verdes, continuos y bien relacionados con el entorno urbano.

Diseño de espacios verdes: las zonas verdes y jardines, deben construirse o readaptarse desde la visión del fomento de la biodiversidad, considerando la creación de diversidad de hábitats y la utilización de vegetación atrayente.

Planificación de recursos: la capacidad de ofrecer alimentos y refugio es clave para atraer y consolidar la fauna interesante a las ciudades. Por ello, la selección de especies, las praderas floridas, los puntos de agua naturalizados, las cavidades en las muros, la madera muerta y la gestión que se haga con todo ello, resulta clave para determinar la fauna presente.

Gestión de mantenimiento adecuada: las labores de mantenimiento de los espacios verdes deben adaptarse a la estrategia de fomento de la biodiversidad. La no utilización de biocidas -excepto en casos muy puntuales- es un requisito básico e imprescindible. La implantación de técnicas de gestión integrada de plagas (GIP), debe venir de la mano del establecimiento de las prácticas de siega diferenciada en praderas, que permitan la consolidación de poblaciones de insectos y aves beneficiosos. Otras labores, como la poda o desbroces, deben planificarse considerando los períodos de nidificación de las aves.

Gestión de fauna: Más allá de contar con grupos de árboles y masas de arbustos adecuados para atraer las aves, existen otras medidas que contribuyen a que éstas se instalen en nuestros jardines, sobretodo en períodos de cría, que es cuando más insectos capturan. Los comederos y las cajas nido pueden ser de gran ayuda, pero deben colocarse con ayuda de expertos que nos asesoren sobre su ubicación, modelos, características idóneas y tareas de mantenimiento. En caso de no hacerlo correctamente puede resultar incluso contraproducente para el éxito reproductor.

Igualmente, la gestión naturalizada de puntos de agua o incluso, la liberación de ejemplares procedentes de centros de recuperación de fauna puede ayudar a reintroducir especies autóctonas, en aquellos espacios que cumplan los requisitos para que puedan vivir y establecerse en ellos.

Control de bioinvasiones y depredadores: La gestión de especies invasoras, resulta clave para el fomento de la biodiversidad en la ciudad. Estas especies, procedentes muchas veces de nuestros domicilios, compiten o incluso depredan las especies autóctonas que queremos favorecer. Otro elemento fundamental es el control de los gatos asilvestrados que suelen vivir en los jardines y espacios verdes. Por su altísimo grado de depredación de crías de aves, pueden hacer fracasar cualquier proyecto de avifauna.

Fomentar el respeto por el medio: la gran mayoría de la población se concentra en las ciudades y es allí donde es fundamental establecer programas de promoción y educación ambiental, que promuevan la implicación de la ciudadanía. Las jornadas de participación ciudadana son elementos de gran importancia para transmitir los valores de la biodiversidad.

Más allá de definir una estrategia global, la conservación de la biodiversidad en entornos urbanos es un objetivo en el que todavía no tenemos demasiada experiencia. Por su complejidad, en muchos casos se hace necesaria una apuesta que permita establecer distintas medidas de conservación, comprobar su eficacia e ir introduciendo mejoras.

Por todo ello resulta fundamental la gestión del día a día. Es aquí donde podemos introducir estos pequeños cambios, destinados a conseguir grandes objetivos e ir avanzando poco a poco, adquiriendo conocimiento y experiencias.

Otros artículos relacionados:

Ciudades Biofílicas https://visitandojardines.com/2020/04/15/ciudades-biofilicas-ahora-mas-que-nunca/

Renaturalización urbana: https://visitandojardines.com/2019/12/05/renaturalicemos-nuestras-ciudades/

2 Comments

  1. Creo que nos encontramos ante una ocasión única de cambiar las cosas y donde la educación ambiental juega un papel fundamental. Es el momento de ampliar el concepto de “jardín bonito” y dar una oportunidad a las especies vegetales espontáneas, pues tienen cabida en los espacios verdes públicos. Un saludo.

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