Abstract: Throughout the centuries, the garden has symbolized a human vision of paradise — a walled sanctuary where an idealized inner landscape was protected from the untamed world beyond. Today, that relationship has reversed: green spaces and parks have become fragile refuges for nature, and the walls that once enclosed cultivated beauty now shield islands of biodiversity from the relentless habitat destruction we impose on the planet.
Un jardín planetario
Al inicio de la civilización, el mundo era un lugar en el que la naturaleza imponía sus leyes. Los primeros seres humanos vivían en una especie de jardín planetario del que obtenían sus alimentos, dependiendo por completo de los ciclos naturales.

Imagen de Jack Drafahl en Pixabay
En el Neolítico, con la aparición de los primeros asentamientos, algunas plantas comestibles comenzaron a cultivarse cerca de las viviendas, dando lugar a los primeros huertos.

Imagen de Gordon Johnson en Pixabay
Este proceso dio origen a la agricultura y al sedentarismo, transformando de manera radical la relación del ser humano con su entorno.

Imagen de Gordon Johnson en Pixabay
La historia de la jardinería comenzó hace más de 4.000 años con la domesticación de plantas con fines alimentarios y medicinales y, pronto apareció la preocupación de custodiarlas.


Estas plantas tenían un alto valor, por lo que pronto se cercaron con muros de piedra o empalizadas de madera para protegerlas de animales salvajes y otros peligros del exterior.
Del jardín primitivo al jardín cercado
En tiempos antiguos, civilizaciones como la mesopotámica, egipcia, persa, griega y romana desarrollaron modelos de jardín amurallado, símbolo de orden, fertilidad y poder.

Monasterio de santa catalina, Sinaí y Griego ortodoxo ©Stefan Schweihofer en Pixabay
El término persa pairi-daeza (recinto cerrado) dio origen a la palabra “paraíso”, entendida como un lugar protegido y exclusivo. Los muros preservaban las «plantas del paraíso» que eran la joya del jardín.


Las invasiones árabes del siglo VII favorecieron la expansión del modelo tradicional del jardín persa y de los jardines islámicos, que evocaban el jardín del Edén. Eran jardines protegidos por muros, que los aislaban de un entorno menos favorable y de un clima hostil.


Un concepto similar al de los jardines orientales, que recrean paisajes idílicos formando un microcosmos separado del mundo exterior y, ofreciendo un refugio interior para el equilibrio y la contemplación.
El jardín como expresión de control
En la Roma antigua, el jardín se extendió a las clases medias a partir del terreno anexo a la vivienda, que fué destinado al cultivo de hortalizas, plantas medicinales y ornamentales, conocido como hortus conclusus.

Villas en Pompeya, imagen de Maurygraf en Pixabay
Los pueblos germánicos utilizaban la palabra garten para referirse a espacios cercados destinados al cultivo. De esta evolución lingüística surgió el término “jardín”, procedente del latín medieval hortus gardinus (huerto cercado).

En la organización de estos huertos se imponían la simetría, el orden y un control de las plantas cultivadas, que se cultivaban en recintos cerrados.

Este patrón persistió en los jardines medievales de los monasterios y posteriormente se consolidó también en los jardines clásicos y renacentistas.


Durante siglos, el jardín fue un símbolo del dominio humano sobre los procesos naturales y se mantenía en un recinto cerrado, en contraposición al mundo salvaje exterior.

Incluso los primeros jardines botánicos, como el Orto botánico di Padova en el siglo XVI, se protegían con muros para salvaguardar su valioso contenido científico y medicinal.
Del jardín paisajista al parque urbano
Con el Jardín Barroco y especialmente en el siglo XVIII con el modelo de Jardín Romántico que recrea paisajes idílicos, los muros comenzaron a desaparecer visualmente.

El paisaje circundante se integraba en la composición mediante recursos como el ha-ha, un foso invisible que mantenía el control sin interrumpir la vista.


Una naturaleza aparentemente intacta —praderas, bosques, ganado pastando tranquilamente y un entorno extenso— formaba el decorado perfecto del jardín inglés.
El jardín urbano
Durante el siglo XIX, la industrialización impulsó un rápido crecimiento urbano que, a su vez, provocó una significativa degradación ambiental

En este contexto surgieron los primeros Parques Nacionales, destinados a proteger una selección de espacios que aún conservan una riqueza biológica y paisajística excepcional

Tamibién en este momento nacen los parques urbanos modernos, como Central Park (1858), concebidos como infraestructuras verdes para mejorar la salud y la calidad de vida en ciudades densas y contaminadas.

Allí Olmsted y Vaux, optaron por un pequeño muro fácilmente franqueable que simplemente marca el límite del parque. Cuando las puertas estan cerradas, saltar el muro es una opción personal.

La nueva realidad urbana actual, ha hecho imprescindible integrar la conservación de la naturaleza y hacerla compatible con el desarrollo de las actividades humanas, en las ciudades donde vivimos y trabajamos.

Segun datos de la ONU y otros organismeos internacionales, actualmente más del 56 % de la población mundial vive en áreas urbanas y aparecen importantes desafíos relacionados en como ofrecer un entorno saludable a los ciudadanos.
La ciudad como matriz hostil
Tradicionalmente, el urbanismo y la conservación de la biodiversidad han sido considerados conceptos antagónicos y difícilmente compatibles. La lucha entre asfalto y naturaleza parece muy desigual…

Por ello, cada vez más, los espacios verdes representan pequeñas islas de naturaleza dentro del entorno general de asfalto y hormigón que domina las ciudades. En los últimos años, empezamos a ser conscientes de que el ser humano es el causante de la pérdida de biodiversidad y también el único que tiene en su mano la solución…

Las motivaciones para actuar van desde razones éticas, ecológicas, económicas o culturales, hasta el puro egoísmo como especie: nuestra propia supervivencia está en juego. Un mundo empobrecido en biodiversidad será mucho más hostil para el hombre.

En este contexto, la infraestructura verde se ha consolidado como un pilar de la ciudad saludable; por ello, los jardines del siglo XXI deben adoptar un enfoque ecológico que impulse la biodiversidad
Islas de Biodiversidad
Este concepto surge cuando, a partir de los años 80–90, ecólogos urbanos comienzan a entender la ciudad como un “mar de cemento” donde los parques, plazas, jardines, riberas y techos verdes actúan como hábitats aislados pero conectables.

Imagen de Walkerssk en Pixabay
En este escenario, el verde urbano ya no es solo un elemento decorativo o recreativo: forma infraestructuras ecológicas esenciales y los jardines son un nodo dentro de una red ecológica urbana.

Frente a los desafíos ambientales actuales, los espacios verdes tienen la responsabilidad de contribuir a un entorno más sostenible y resiliente aportando:
- Refugios para fauna sensible
- Reservorio de semillas y diversidad genética
- Espacios de sucesión ecológica espontánea
- Aumento de resiliencia del sistema verde urbano




Sin embargo, el gran éxito de los parques, junto con la sobrefrecuentación y el incivismo hacia la naturaleza, ha hecho necesario crear las islas de biodiversidad. Se trata de pequeños espacios protegidos que permiten a plantas, flores, insectos y fauna auxiliar disponer de un lugar donde desarrollarse y vivir.
El jardín ecológico: una necesidad, no una tendencia
En este contexto, algunos espacios verdes incorporan zonas totalmente inaccesibles al público para permitir el desarrollo de procesos ecológicos sin interferencia humana.

Uno de los impulsores fue Gilles Clement que en en centro del Parque Henry Matisse creo la Isla Derborence, un espacio elevado, completamente inaccesible, que crece desde 1995 sin ningun tipo de interferencia humana.

También en el Waldpark de Postdam, los paisajistas de B+B poyectaron tres grandes zonas completamente cerradas mediante una valla de troncos apilados, que impide el acceso a su interior. En esta zona, las plantas y la fauna pueden crecer y desarrollarse libremente, sin ningún contacto con los visitantes y sus mascotas.


Actualmente, las islas de biodiversidad ya están presentes en muchos parques y jardines urbanos. Recientemente, en el proyecto de Agence Ter en el Parc de les Glòries de Barcelona, se han creado pequeños espacios cerrados, no accesibles para la ciudadanía, que actúan como refugios para plantas, aves y fauna auxiliar.


Parece que, en los espacios verdes actuales, se impone la idea de crear áreas exclusivas para la biodiversidad e inaccesibles para las personas. Lejos de ser una contradicción, limitar el acceso en puntos estratégicos forma parte de una gestión ecológica avanzada del jardín.
Nuevo paradigma del jardín
Así las cosas, la historia del jardín puede leerse como un gran giro conceptual: del paraíso humano al refugio para la naturaleza.
Antes, los muros protegían las creaciones del ser humano frente a la naturaleza salvaje exterior; hoy, en muchos casos, protegen a la naturaleza del ser humano.
Este es el nuevo paradigma del jardín. Y es, inevitablemente, ecológico.
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Molt bé aquest article Gracies Ignasi
Ignasi Pujol-Xicoy
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Moltes gràcies Ignasi. Celebro que t’agradi
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Magnífic article . Llegint l’Ha Ha i el Pairi daeza he recordat les classes de Manel Corominas .
Com camvien els temps ! Evoluciona la gestió del Verd a un ritme suficient ?.
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Gràcies Santi. Està clar que en Manel ens va influir molt a tots…
Sobre la gestió del verd tinc sensacions contraposades, cada cop hi ha millors tècnics i tenim més informació, però per contra les xarxes socials tenen més i més pes sobre els nostres polítics… ho veig díficil els propers anys 😦
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