Pazo de Tor (Monforte de Lemos) ***

Los pazos, antiguas residencias de la nobleza gallega, a menudo fueron centros de producción agropecuaria y de cobro de rentas a los campesinos, reflejo del poder que poseían los propietarios desde la época feudal.

El Pazo de Tor se encuentra a las afueras de Monforte, sobre una elevación natural que lo convierte en mirador del valle de Lemos. Se construyó a finales del siglo XVIII, en estilo barroco con algunos toques de neoclásico.

La finca constituye un latifundio de más de 200 hectáreas y contiene un colorido paisaje con lagunas, bosques y grandes zonas de cultivo.

Sus jardines, adyacentes al palacio, fueron diseñados en el siglo XVIII siguiendo cánones barrocos y, hoy, solamente permanecen algunos elementos dispersos, pero muy relevantes.

A pesar que la mayor parte de sus trazas originales son poco visibles, destaca poderosamente su laberinto de piedra, una actuación tan singular y poderosa que merece la visita por si sola.

Los restos de este extraordinario laberinto pueden ser observados desde el balcón y las estancias superiores del pazo. Poseen una fuerza enorme, mezcla de land art y simbolismo místico que resulta sumamente atractiva.


LABERINTO DE CHANTOS

El laberinto de piedra del Pazo de Tor fue construido con losas de pizarra (chantos), para delimitar los caminos de los parterres y definir recorridos. Sus formas en espiral generan un dibujo mágico y sugerente, que atrae nuestra atención.

Generalmente, en los laberintos de la época, solían utilizarse para este fin setos vegetales de boj o camelia, pero en Tor son los chantos hincados de punta en el suelo quienes definen los límites de los pasillos y los separan de los parterres destinados a las plantaciones.

El laberinto está formado por cuatro espirales enlazadas por ocho caminos, con entradas y salidas, que convergen en unos estanques circulares tallados en granito, situados en el centro de cada espiral.

Desde las entradas laterales surgen los caminos que conducen a los estanques. De cada uno de ellos nacen tres caminos, y solamente uno conduce al siguiente estanque central. Así, descifrándolos sucesivamente, podemos resolver el laberinto y conseguir enlazarlos todos.

Los antiguos parterres, hoy desprovistos de vegetación, se elevan unos quince centímetros sobre el suelo. Originalmente estos espacios estuvieron plantados con rosales y distintas plantas que ayudaban a definir el laberinto y dificultar la orientación.

A pesar que su origen tiene una finalidad lúdica, el poderoso carácter escénico del laberinto de piedra, propició que fuese utilizado en el cine en más de una ocasión, como en la película A esmorga, de Ignacio Vilar o el filme Beatriz de Gonzalo Suárez.

Ubicación: https://goo.gl/maps/8D5PMcX9SexV4tWD8

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