El Parque de María Luisa de Sevilla es un magnífico ejemplo de la jardinería paisajística y del urbanismo verde impulsados por Forestier a comienzos del siglo XX en Andalucía. A pesar de ser muy conocido, visitar este jardín resulta sumamente interesante e inspirador.
English abstract: María Luisa Park in Seville is one of the finest examples of the landscape gardening and green urban planning promoted by Jean-Claude Nicolas Forestier in Andalusia at the beginning of the 20th century.
El jardín mediterráneo de Forestier
Los jardines de María Luisa constituyen el espacio verde más emblemático de Sevilla. Su origen se remonta a 1893, cuando la infanta María Luisa Fernanda de Borbón cedió a la ciudad una parte de los jardines privados del Palacio de San Telmo, donde había residido junto a su esposo, el duque de Montpensier.


Posteriormente, con motivo de los preparativos de la Exposición Iberoamericana de 1929, el ingeniero paisajista francés Jean-Claude Nicolas Forestier llevó a cabo una profunda transformación, adaptando el espacio a las concepciones del jardín público moderno.


Forestier combinó la tradición del jardín romántico —con estanques, glorietas, paseos arbolados y rincones íntimos— con una reinterpretación de los elementos característicos de los jardines andaluces, hispanoárabes y renacentistas, creando así un nuevo estilo de jardín mediterráneo.

Además Forestier, con sus trabajos en Barcelona, Madrid y París, impulsó la unión del Paisajismo con el urbanismo moderno, defendiendo que las ciudades debían organizarse mediante una red de parques y espacios verdes conectados
Elementos característicos del jardín
Al visitar el parque, enseguida quedamos impregnados de la característica imagen que transmiten sus fuentes, pérgolas, muretes y bancos, revestidos de coloridos azulejos que evocan el estilo andalusí.

Forestier entendía que la esencia del jardín hispanomusulmán no residía en copiar sus formas, sino en intentar recrear su atmósfera mediante algunos elementos característicos que se disponen por las distintas terrazas o salas que conforman el parque.


El agua se muestra cómo un componente esencial de la composición y por ello incorporó al Parque de María Luisa múlitiples fuentes, canales, pequeños estanques y bancos, la mayoría de ellos revestidos de azulejos.

Entre las fuentes más conocidas se encuentran la Fuente de los Leones, de inspiración mudéjar, o la Isleta de los Pajaros, espacio ajardinado rodeado por un estanque que combina fauna y flora en un ambiente idílico.


Muchas veces los acompañó de pérgolas y rincones sombreados, donde el agua, la cerámica y la vegetación aromática aportan una experiencia sensorial olfativa, frescor y el relax característico del jardín árabe, acompasado por el sonido del agua y una exuberante vegetación mediterránea y subtropical.

El resultado fue el nacimiento de un lenguaje jardinista propio, conocido habitualmente como el «jardín neosevillano», que ejercería una enorme influencia en la jardinería española del siglo XX.
Vegetación mediterránea y subtropical
La vegetación constituye uno de los grandes valores del parque por la combinación de especies mediterráneas tradicionales —naranjos, olivos, cipreses, plátanos de sombra— con una notable variedad de especies exóticas, como magnolios, araucarias, jacarandas, ficus o palmeras de distintas variedades.

Grandes árboles, palmeras, naranjos, arbustos y trepadoras se suceden formando masas vegetales que envuelven los caminos, fuentes y estanques y proporcionan al parque una agradable sensación de frescor.


Esta mezcla genera contrastes cromáticos y sombreados que refuerzan el carácter romántico y pintoresco del conjunto.
Esculturas y glorietas
El parque también destaca por su riqueza escultórica y ornamental con numerosas pérgolas y glorietas dedicadas a escritores y artistas como Bécquer, los hermanos Álvarez Quintero o Cervantes, entre otros.



Siempre se sitúan en rincones estratégicos, cada una con su propio diseño paisajístico y elementos escultóricos singulares.


Todas ellas son un ejemplo de integración entre escultura alegórica y entorno vegetal, evocando los sentimientos románticos a través de mármoles, bustos o azulejos.
La Plaza de España
Ubicada dentro del parque, la Plaza de España fue concebida por el arquitecto Aníbal González como pieza central de la Exposición Iberoamericana de 1929.

La plaza se articula mediante un amplio espacio pavimentado y un canal navegable cruzado por cuatro puentes que realzan su carácter escenográfico y le dota de un inconfundible ambiente veneciano.


Aunque el conjunto responde principalmente a un lenguaje arquitectónico andaluz y neorrenacentista, Aníbal González incorporó el gran canal navegable, sobre el cual se proyectan los reflejos de los edificios que evoca el romanticismo de Venecia.


El conjunto monumental posee una gran carga simbólica: su planta semicircular alude a la idea de una mirada a las antiguas colonias, mientras que su orientación hacia el Guadalquivir remite a la vía de comunicación con América.

Además los bancos revestidos de azulejos representan elementos caraterísticos de las provincias, constituyendo una síntesis de arte, artesanía y memoria histórica.
Jardines envolventes
En conjunto, el Parque de María Luisa y la Plaza de España configuran un espacio donde se funden historia, jardinería y arquitectura.

Los jardines exteriores que envuelven el conjunto, con abundantes palmeras, fuentes y masas vegetales, contribuyen a la integración de la obra arquitectónica con el entorno paisajístico del Parque.


Su valor radica tanto en la riqueza botánica, ambiental y paisajística como en el simbolismo histórico y cultural que encierran, convirtiéndose en uno de los principales hitos urbanísticos y patrimoniales de Sevilla en el siglo XX.
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