El suelo está vivo

De manera habitual, hemos considerado al suelo como un conjunto de material inerte en el cual se encuentran los nutrientes y el agua, que sustentan los vegetales. Así, para favorecer el crecimiento de las plantas, simplemente se añadían fertilizantes y riego.

Hoy conocemos que el suelo es mucho más complejo, incluso se le considera un organismo vivo que al igual que las plantas y animales, nace, se alimenta, respira, se reproduce e incluso puede llegar a morir. Solamente se puede considerar que un suelo está vivo, si sobre él pueden vivir las plantas.

La mayoría de sus funciones vitales son realizadas a través de conjuntos de microrganismos que tienen funciones específicas y que forman parte inseparable del resto de materiales. Algunos investigadores han descrito que en un suelo saludable podemos encontrar 1000 millones de microorganismos por cada gramo de suelo. Sin ellos las plantas no pueden vivir y paradójicamente, muchas de las clásicas labores de roturación, fertilización y sobretodo el uso de plaguicidas tienen un efecto devastador sobre ellos.

Dese el punto de vista de la jardineria y la sostenibilidad, debemos ver al suelo como un ente biológicamente activo, que se alimenta principalmente de los aportes de las plantas: una gran parte de lo que se genera en la fotosíntesis se exuda al suelo a través de las raíces y los restos orgánicos como hojas y ramas secas alimentan el suelo. Solamente si se alimenta, puede a su vez alimentar las plantas.

Así pues, el crecimiento y la salud de las plantas está estrechamente relacionado con la calidad y estado del suelo y aquí juegan un papel importante las sustancias húmicas, la parte más evolucionada y estable de la materia orgánica, que contribuyen a mejorar la actividad microbiana (bacterias, hongos y actinomicetos), la cual cosa activa la red nutricional del suelo y comporta mejores condiciones para el establecimiento de las raíces y la salud de las plantas.

Uno de los grandes retos que se plantean hoy en los jardines, es como poder mejorar los suelos y adaptar las labores de mantenimiento para favorecer un suelo donde puedan crecer y desarrollarse los microorganismos, claves para la salud, alimentación y crecimiento de las plantas. La gestión de hojas secas, restos de poda y siegas puede hacerse a favor de la fertilización natural del suelo.

Este factor crítico, demasiado a menudo es olvidado y obviado en la construcción y mantenimiento de jardines urbanos, lo que no se ve a simple vista, parece que no exista.

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