Abstract: The appearance of the attractive autumn colors in the trees is related to the mobilization of pigments and reserves of the leaves towards the trunk, to protect themselves from the winter cold.
Romanticismo otoñal
El otoño es, quizás, la estación más cargada de romanticismo y nostalgia. El sol se sitúa más bajo, la luz es más tenue, los días se acortan y las hojas de los árboles se tiñen de mil colores, dibujando nuevos paisajes temporales, que podemos descubrir en cualquier rincón.

Este hecho tiene cada vez más valor en el paisajismo y el diseño de jardines ya que, en algunos casos, su impacto visual supera el conseguido por la mayoría de floraciones primaverales.


Quizás por eso cada vez encontramos más árboles en los viveros que destacan por un marcado cromatismo otoñal, inclusive para zonas con climas templados, donde hasta hace poco tiempo no se disponía de este recurso.




En nuestras ciudades de clima mediterráneo, especies como los Gingko, Liquidambar, Parrotia, Pistacea y distintos tipos de Acer y Fraxinus, son capaces de aportar este toque de color otoñal.


Las sequías pueden dificultar este cromatismo otoñal, puesto que es necesario que los árboles dispongan de suficiente agua para evitar el marchitamiento prematuro de las hojas.

Mientras perduren las tonalidades amarillas y rojizas, indica que la hoja sigue viva. Por contra el color marrón significa que estas ya están muertas.


En algunos países con marcadas tradiciones relacionadas con la naturaleza, por ejemplo Japón, incluso se utilizan términos específicos -como el momijigari or kōyō– para describir la acción de pasear y observar la caída de las hojas y gozar del espectáculo de las coloraciones otoñales.
Los colores de otoño
Al observar estos cambios de tonalidad tan llamativos, muchas veces nos preguntamos ¿cuál es la causa de la aparición de estos atractivos colores otoñales de las hojas?


La clorofila, ese pigmento verde que colorea las hojas y que es el máximo responsable de la fotosíntesis, deja de ser predominante en los árboles caducifolios cuando las temperaturas descienden y las noches se alargan.

A principios de otoño, cuando las condiciones meteorológicas van cambiando, la generación de clorofila va disminuyendo de manera progresiva, provocando su desaparición por completo durante el invierno.

En ese momento, otros pigmentos (carotenos, antocianos, xantofilas…) también presentes en las hojas pero enmascarados por la clorofila en primavera y verano, toman el protagonismo y colorean las hojas de múltiples tonalidades amarillas, naranjas o rojizas.

Todo este proceso se activa como resultado de la protección que adquieren estos árboles ante la bajada de temperaturas y el riesgo de heladas.

Por contra, algunas especies de perennifolios han desarrollado una estrategia distinta y protegen sus hojas del frío y la deshidratación mediante una capa de resinas o con hojas coriáceas y cutículas cerosas.
Movilización de clorofila
En los árboles caducifolios la clorofila se moviliza hasta el tronco y ramas a modo de reservas. Además para evitar daños en el interior, se producen células que forman una barrera coriácea en el peciolo de las hojas, lo que dificulta mucho la síntesis de nueva clorofila.


Es entonces cuando los pigmentos secundarios y terciarios -los carotenoides y las antocianinas– toman el protagonismo y transforman el paisaje.



Finalmente, con la protección en la rama y sin posibilidad de intercambio de savia, las hojas acaban cayendo y su función es descomponerse y fertilizar el suelo, cerrando un ciclo vital que, en la medida de lo posible, deberíamos respetar en nuestros jardines.

Sobre la caída de las hojas y como aprovechar su enorme potencial, se pueden consultar ideas en el siguiente enlace: Hojas secas
Imágenes tomadas en Mollet del Vallès y Sant Cugat del Vallès ©josepmmompín
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