Los colores del otoño

El otoño es, quizás, la estación más cargada de romanticismo y nostalgia. El sol se sitúa más bajo, la luz es más tenue, los días se acortan y las hojas de los árboles se tiñen de mil colores, dibujando nuevos paisajes temporales, que podemos descubrir en cualquier rincón.

Este hecho tiene cada vez más valor en el paisajismo y el diseño de jardines ya que, en algunos casos, su impacto visual supera el conseguido por la mayoría de floraciones primaverales.

Quizás por eso cada vez encontramos más variedades de árboles en los viveros que destacan por un marcado cromatismo otoñal, también zonas con climas templados, donde hasta hace poco tiempo no se disponía de este recurso.

En algunos países con marcadas tradiciones relacionadas con la naturaleza, por ejemplo Japón, incluso se utilizan términos específicos -como el momijigari or kōyō– para describir la acción de pasear y observar la caída de las hojas y gozar del espectáculo de las coloraciones otoñales.

Pero ¿cuál es la causa de la aparición de estos atractivos colores otoñales de las hojas?

La clorofila, esos pigmentos verdes que colorean las hojas y que son los máximos responsables de la fotosíntesis, deja de ser predominante en ellas cuando las temperaturas descienden y las noches se alargan.

En ese momento, otros pigmentos presentes en las hojas pero enmascarados por la clorofila en primavera y verano, toman el protagonismo y colorean las hojas de múltiples tonalidades amarillas, naranjas o rojizas.

Todo este proceso se activa como resultado de la protección que adquieren los árboles ante la bajada de temperaturas y el riesgo de heladas. En ese momento, la clorofila se moviliza hasta el tronco a modo de reservas y, también, para evitar daños en el interior de las ramas, se producen células que forman una barrera coriácea en el peciolo de las hojas que dificulta mucho la síntesis de nueva clorofila.

Es entonces cuando los pigmentos secundarios y terciarios -los carotenoides y las antocianinastoman el protagonismo y transforman el paisaje.

Finalmente, con la protección en la rama y sin posibilidad de intercambio de savia, las hojas acaban cayendo y su función es descomponerse y fertilizar el suelo, cerrando un ciclo vital que, en la medida de lo posible, deberíamos respetar en nuestros jardines.

Sobre la caída de las hojas y como aprovechar su potencial podeis consultar ideas en el siguiente enlace: https://wp.me/paVvlY-Zz

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